Andrés Historiador

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ARMAS DE LA INDEPENDENCIA

Brown-Bess-Musket - copia

En el siglo XIX las armas de fuego dominaban ya, los campos de batalla alrededor del mundo, si bien aún “primitivas” para los estándares actuales, para la época fueron revolucionarias, en especial el mecanismo de ignición de la pólvora negra, donde el soldado no tenía que preocuparse por mantener una mecha encendida para poder disparar, los mosquetes, en el siglo XIX aunque usaban todavía pólvora negra y disparaban balas redondas su mecanismo de ignición llamado Flintlock o de pedernal fue un avance significativo en la manera de disparar armas de fuego. Funcionaba golpeando una piedra de pedernal o sílex, en una cazoleta que producía una chispa que hacia disparar la pólvora contenida en el cañón. Podemos comparar la complejidad de este mecanismo con el de un reloj de péndulo, y para la época, tal vez eran los mecanismos tecnológicamente más avanzados que cualquiera pudiera tener. Las armas en esa época tenían cañones con anima lisa, esto significa que el interior del cañón era liso y no tenía ninguna estría en su interior como la mayoría de las armas modernas.

Flintlock_ignition_movie

Pero sin industria militar propia y sin los conocimientos para crear armas de fuego efectivas, ¿dónde obtuvieron las armas los soldados del ejército patriota?

Mantener un ejército rebelde en un una guerra irregular es un proceso muy difícil, dificultades de avituallamiento, de consecución de provisiones, como comida, caballos y repuestos para las armas de fuego. Tal y como describe Karl Von Clausewitz en el capítulo XXVI el Pueblo en Armas, de su famoso Libro Vom Kriege o De la Guerra afirma que para que una guerra del pueblo, como él la llama, pueda llegar a ser eficaz necesita las siguientes condiciones:

  1. Que la guerra se realice en el interior del país
  2. Que no la decida una catástrofe aislada
  3. Que el teatro de la guerra abarque una extensión considerable del país
  4. Que el carácter nacional favorezca las medidas a tomar
  5. Que el terreno del país sea muy accidentado e inaccesible, ya sea a causa de las montañas o de los bosques y los pantanos, ya por el tipo de cultivo que se utilice.

“Que la población sea o no numerosa tiene poca importancia, ya que hay menos probabilidad de que exista escasez de hombres que de cualquier otra cosa. Que los habitantes sean ricos o pobres tampoco es un punto relevante o por lo menos no debería serlo. Pero cabe admitir que, por lo general, una población pobre, acostumbrada al trabajo duro y pesado y a las privaciones, se muestra más vigorosa y se adapta mejor a la guerra”.

“Una peculiaridad del país, que favorece en gran medida la acción de la guerra del pueblo, es la distribución diseminada de los núcleos habitados… de este modo, el país está más dividido y más protegido; los caminos se vuelven peores, aunque más numerosos, el alojamiento de las tropas se acompaña de dificultades infinitas… el espíritu de resistencia existe en todas partes, pero no es perceptible en ninguna.” [1]

Como vemos los principios de Clausewitz, para la guerra popular, se cumplieron casi al pie de la letra durante la campaña libertadora de Bolívar: la mayoría de batallas se efectuaron en el interior de la Nueva Granada, la guerra se definió no por una batalla sino por la sumatoria de batallas ganadas por el ejército patriota y las consecutivas derrotas españolas y la baja moral de las tropas, culminando en la batalla del Puente de Boyacá.

¿Pero como sabemos cuáles armas se usaron durante el periodo de la independencia? Si bien los registros históricos de la época  nos relatan poco sobre este tema, existen algunos datos como por ejemplo:

José María Barreiro comandante de la III División Realista en una carta al Virrey Sámano:

La tropa de infantería se halla armada de un buen fusil inglés o francés, con bayoneta y municionada a treinta y cuarenta cartuchos, teniendo en depósito de diez a doce cargas de fusiles y diez y seis cartuchos, pero se me ha asegurado que a retaguardia tienen mayor número de municiones. La caballería esta armada de carabina y lanza…”[2]

Es muy probable que el mosquete inglés al que se refería Barreiro sea el Brown Bess y el francés sea el mosquete de infantería francés, Flintlock Charleville, Modelo 1766, disparaba una bala de 19mm y era muy eficaz, aunque bastante impreciso, incluso a corta distancia, Charleville era una importante fábrica de armas desde el siglo XVII. Las carabinas en su mayoría los mismos mosquetes o rifles pero de cañón más corto o de menor calibre para hacer más fácil la recarga y el transporte para los hombres a caballo. Otra de las armas usadas ampliamente fue el fusil Baker utilizado entre 1800 y 1840 que fue uno de los primeros del ejército británico, estaba equipado con un sable – bayoneta desmontable que se fijaban a un lado el cañón.

triggers-fire-musket

Tal vez el arma más famosa y también la más usada en ese siglo y aun casi un siglo después fue el mosquete British Land Pattern Musket o más conocido como Brown Bess. Es un arma de ánima lisa, con un cañón de 107 cm que pesaba unos 4.8 kg, de calibre 75mm que podía disparar una bala a unos 80 metros de alcance máximo efectivo y con una tasa de fuego de 3 o 4 disparos por minuto.

Los mosquetes Brown Bess eran construidos por la armería de la Torre de Londres y por algunas otras. El nombre Brown Bess dado a esta famosa arma de infantería fue mencionado por primera vez en documentos del siglo XVIII pero sus orígenes son difusos. Algunos creen que deriva del alemán buchse que significa rifle, otros se refieren al color café de la parte de madera del mosquete de nogal o el café del cañón en algún periodo. Pero no puede haber duda de algo, de que este mosquete de llave de chispa actualizado o modernizado en varios patrones o modelos fue la principal arma del infante ingles desde 1730 hasta 1830, durante todo el periodo cuando los casacas rojas ganaron su mundialmente famosa reputación y crearon las bases del imperio británico.

Si bien el Brown Bess fue modificado varias veces en el periodo entre 1802 y 1803 el modelo “New Land Pattern” fue introducido siendo este el más probable que se usara en la campaña libertadora liderada por Bolívar este era una combinación del modelo “Short Land” y del “East Indian”, tenía una culata de latón, un gatillo simple, una baqueta de acero y un cañón decorado, la boca el cañón terminaba en una tapa de metal. El cañón era de 42 pulgadas o 107cm con un acople para la bayoneta. Una versión más pequeña conocida como el Light Infantry Musket estaba reservada para los sargentos de los regimientos de infantería ligera y a los regimientos de línea.

Los fusiles eran incomodos y de carga larga y lenta, para compensar este inconveniente, una fila disparaba mientras que la otra recargaba el arma o bien las dos filas disparaban juntas y luego cargaban a bayoneta, en el siglo XVIII el soldado podía disparar tres veces por minuto, un buen tirador podía alcanzar al enemigo a 80m pero más allá no era seguro que pudiera hacer blanco, a 180 m el proyectil perdía fuerza, a pesar de la falta de precisión a una distancia superior a los 80m el fuego nutrido podía ser eficaz si el enemigo era numeroso, los infantes eran sometidos a un estricto entrenamiento para realizar la carga, a fin de mantener la cadencia de tiro en combate, los pasos eran en primer lugar: romper el papel del cartucho con los dientes, verter la pólvora den el cañón y cebar la cazoleta, colocar la bala y el taco de papel en el cañón, armar y entonces el soldado estaba preparado para abrir fuego a la señal de mando.

brown bess

La munición de la época hacía del proceso de recarga aún más tedioso y lento de lo que ya era, debido en parte a que cada paso se debía hacer en estricto orden, casi ceremonioso, también la munición no era autocontenida, no era una sola pieza por así decirlo, cada pieza estaba separada, bola, pólvora y papel. Tendríamos que remontarnos a Gustavo Adolfo II (1594 – 1632) que reino en Suecia durante 21 años, cuyo ejército sirvió de modelo a todos los demás europeos sus cualidades como militar fueron admiradas por Napoleón, quien lo comparo con Alejandro Magno. Tal vez el único estratega de la Guerra de los 30 años, los suecos lo consideraban el prototipo del rey – héroe. Quien radicalmente cambio el arte de la guerra en todos sus aspectos, su interés por el empleo de las nuevas técnicas lo llevo a rediseñar las armas de fuego para aligerar el peso de los mosquetes y las pistolas. Los primeros podían manejarse ya sin trípode y el lento y complejo proceso de carga fue simplificado mediante la adopción de los cartuchos de papel, que contenía la pólvora y la bala y que el soldado debía romper con los dientes.[3]

Las balas de plomo, redondas durante siglos, las únicas disponibles. Fáciles de fundir por el propio usuario, su principal inconveniente es su pésimo rendimiento aerodinámico. Actualmente están prácticamente en desuso, aunque son imprescindibles en todas las armas de avancarga.  A menudo se engrasan. En la actualidad, y fuera del ámbito del tiro con armas históricas, sólo se usan en escopetas de cañón liso.

Su principal defecto es que el plomo es demasiado blando, por lo que en su recorrido por el cañón del arma deja residuos que deben limpiarse regularmente. Además, el polvo de plomo que se produce es tóxico a largo plazo.

Por la misma razón, en algunas armas automáticas, puede deformarse al golpear con la rampa de alimentación perdiendo precisión o incluso encasquillando el arma. Las formas muy aerodinámicas no pueden realizarse en la práctica, porque las puntas se abollan o rompen con demasiada facilidad.

llave de chispa

Estos problemas suelen reducirse empleando el plomo en aleación con otros metales, como el antimonio, para aumentar su dureza. Por último, entre sus desventajas, añadir que con el advenimiento de la pólvora sin humo se descubrió que los proyectiles de alta velocidad que además giran muy rápido pueden llegar a “desintegrarse” debido a que el plomo no es capaz de soportar la enorme fuerza centrífuga a que es sometido.

Entre sus ventajas, valga mencionar que cualquiera podia producir sus propias balas con una inversión mínima. También la mayor deformabilidad del plomo hace que este tipo de balas sea muy apropiado para la caza o incluso la defensa personal.


[1] Carl Von Clausewitz, De la Guerra, (Barcelona: Idea Books), 266-267

[2] RIAÑO, Camilo,  La Campaña Libertadora de 1819, Bogotá, 1969, pág. 230

[3] Mcdonald, John, Enciclopedia Visual de las Grandes Batallas, Barcelona, Editorial Rombo, 1994, tomo 1, pág. 29

Bailey, De Witt, British Military Flintlock Rifles 1740-1840,  Reino Unido Andrew Mowbray Pub, 2002

Fosten, Bryan, Wellington ’s Infantry, Gran Bretaña, Osprey Publishing, 1981

Jorgensen, Christer, Grandes Batallas conflictos decisivos que ha conformado la historia. Reino Unido: Parragon Books, 2010

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Esta entrada fue publicada el 20 de abril de 2013 por en Hoy en la Historia.

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