Andrés Historiador

Blog de Historia De Nobis Fabula Narratur, Su Historia también es nuestra Historia

RECLUTAMIENTO FORZADO EN EL EJÉRCITO PATRIOTA DURANTE LA CAMPAÑA LIBERTADORA DE 1819

a6ac68d6-c8fd-4d4d-b00f-9964c280566a“Los voluntarios”, Charles Saffray y Edouard Andre, Geografía pintoresca de Colombia, (Colombia: Litografía Arco, 1860)

LA NUEVA HISTORIA MILITAR DE LA CAMPAÑA LIBERTADORA  

… “Dieron un gran recibimiento a Bolívar y al ejército libertador. Muchos entraron a prestar su servicio militar…”[1] “arrebatados por el patriotismo”[2] … “con sentimiento patriótico y llenos de entusiasmo”[3]… Son frases que escuchamos muy a menudo en la bibliografía y la historiografía tradicional del periodo de la Campaña Libertadora de 1819, esta historia casi intocable, como mencionaría Clément Thibaud: “Tocar la historia del ejército revolucionario es abordar el sanctasanctórum de la memoria nacional, es enfrentarse a los mitos mejor construidos, más sólidos y más amados”[4] pero esta “historia de bronce”, también es una historia de mitos y leyendas, si bien creada para establecer un relato unificador, creador de memoria y de nación, con el que todos los habitantes de la Nueva Granada pudieran identificarse, son relatos si bien célebres y gloriosos, son en gran medida, exagerados, tergiversados y míticos, pero que han perdurado en la memoria colectiva, y son difíciles de comprobar con la significativa y abundante información disponible.

Es también una historia que ha olvidado a sectores subalternos: las tropas, el soldado raso, a los soldados de todas las razas, olvidados para glorificar al Estado Mayor de la Campaña Libertadora, los grandes héroes emancipadores, en especial la figura mítica de Simón Bolívar.

Si bien es cierto que fue necesario crear un relato unificador en un territorio socialmente muy diverso: criollos, españoles, indígenas, negros, pardos, etc. Cada uno con una infinidad de intereses completamente diferentes, se necesitaba unirlos a todos en un solo propósito: poder lograr un país unido que fuera gobernable y que no se hundiera en luchas internas, como finalmente sucedió. Y solo se podía lograr con una sólida historia fundacional.

Sin embargo, la historiografía tradicional tiene cierta aversión a hacer revisión de estas grandes tradiciones fundadoras, porque, un documento nuevo, algún descubrimiento arqueológico o nuevas investigaciones o nuevas miradas, pueden cambiar todo un relato histórico, e historias tradicionales o trabajos de toda una vida pueden ser contradichos o rectificados, o completamente derrumbados, esto hace que el revisionismo histórico sea tabú en las academias y la historiografía tradicional, que fundada en autores desgastados y sobre utilizados, continúa argumentando la validez y veracidad de estos mitos fundacionales.

De otra parte, un aspecto que la historiografía tradicional no se cansa de señalar es el “fervor independentista”, como una condición casi natural de todos los pobladores de la Nueva Ganada y principalmente los habitantes de esta región, la Provincia de Tunja, hoy Boyacá y Casanare, donde los hombres marchaban entusiastas y felices a engrosar las filas del Ejército Patriota, historias que son adornadas y enaltecidas, pero con poco rigor histórico, nada más que alegorías y relatos patrioteros.

Es la misma historia que se ha narrado desde el siglo XIX, más poesía que historia, que no permite un análisis histórico, sino que, simplemente se queda en un discurso apologético de héroes y villanos, los buenos criollos y los malvados españoles, de las gloriosas victorias y las poco nombradas derrotas, una historia patria maniquea, que no permite el estudio de todos los aspectos que conformaron esta campaña, ni la interpretación desde otras voces, como los sectores subalternos, que conformaban la mayoría del Ejército Patriota, incluidos los suboficiales, que fueron en gran medida olvidados por el brillo de los grandes héroes de la Campaña Libertadora, como mencionaría Roger Pita Pico en El Reclutamiento de Negros esclavos durante la Guerra de Independencia de Colombia 1810 – 1825, así como el soldado raso y los sectores subalternos, “la esclavitud no revestía una trascendencia tal que ameritara abordar su estudio”[5], podemos mencionar lo mismo para todos integrantes del grueso del ejército patriota.

Evidentemente, se ha invisibilizado el papel de diferentes sectores ya sean negros, pardos o cualquier otro que no fuera criollo de la elite o español peninsular, es decir, se ha blanqueado la historia olvidando inclusive a los extranjeros que tomaron parte en esta campaña y combatieron al lado de los patriotas en la Legión Británica. Termina siendo un área prácticamente inexplorada, que se ve reflejada en las pocas alusiones hechas por los cronistas de aquella época y de los historiadores modernos.

La historiografía tradicional creó numerosos mitos sobre la Independencia, uno de los tantos, señala que los indios, los negros y otras castas solo desarrollaron un papel pasivo bajo el mando de la elite dirigente.[6] ¿Y las guerrillas de la provincia de Tunja conformadas casi en su totalidad por negros que escaparon o fueron liberados?

O el papel de los indígenas en la lucha emancipadora, en la Nueva Granada los ejércitos de uno y otro bando reclutaron indistintamente a indios, negros y mestizos. Así, indígenas de las provincias de Tunja y Santafé debieron servir como cargueros, proveedores, enfermeros o soldados tanto en los ejércitos patriotas como en los realistas.

Existen indicios de que en aquellas regiones en las cuales la población indígena era mayoritaria o tenía un importante peso demográfico, los dirigentes patriotas hicieron todo lo posible por obtener su apoyo, ya fuese éste logístico (alojamiento, alimentos, bestias) o militar, mediante la recluta de cargadores o combatientes. Y en más de una ocasión lo lograron. Tal fue el caso, por ejemplo, de Antonio Nariño, quien antes de emprender su infortunada expedición al sur del año 1813, que lo llevaría a su derrota y prisión en Pasto, solía pasearse por las calles de Santa Fe acompañado del cacique del pueblo de La Plata, Martín Astudillo, quien le había ofrecido el apoyo de los indios de su comunidad para cruzar el temible páramo de Guanacas, en su paso hacia Popayán y Pasto. También los paeces de Tierradentro jugaron un papel muy destacado en las luchas emancipadoras del lado patriota. La reconocida beligerancia de estos indios y la localización de su pueblo en la vía de paso de las tropas patriota hacia el sur, llevó a que sus hombres fueran reclutados como soldados en un significativo número.[7]

Se busca demostrar, en la medida de lo posible y con la evidencia recolectada hasta el momento, algunas contradicciones en el proceso de reclutamiento, exponer si fue un proceso voluntario u obligado, y gracias a la evidencia hallada permite plantear que estos sectores tuvieron papeles trascendentales y fueron decisivos en la campaña y que han sido en gran medida olvidados, ignorados u obviados.

La intención modesta de este trabajo es señalar las contradicciones y mitos alrededor del reclutamiento, en un artículo que merece aún más investigación y mayor revisión documental.

Esta investigación, se basa en fuentes primarias halladas en el en el Archivo General de la Nación y en el Archivo Regional de Boyacá, cartas, escritos de los protagonistas de los eventos y en fuentes secundarias.

Así mismo, expresar el papel central de la institución militar durante los siglos XVIII y XIX, no solo en la guerra sino también en la construcción de las identidades políticas y de formación de la nación, además exige comprender las complejas y cambiantes formas de organización militar, como el variado ejército de Bolívar que fusionaba un ejército regular de corte prusiano, con un “segundo” ejército conformado por guerrillas. De tal forma que la Campaña Libertadora fue una campaña militar de tropas organizadas, con rangos o clases, estrategias y actividades propias de un ejército regular e irregular, un ejército tan variado como en sus filas donde podemos encontrar criollos, mulatos, mestizos, zambos, indígenas y negros.

Es interesante analizar temas como el reclutamiento: Cuáles eran los motivos, objetivos e intenciones de los gobiernos en todas las épocas y lugares, para obligar a los hombres a entrar en sus filas, además de los motivos de aquellos que se enlistaban o se resistían a hacerlo. No solamente obedecía a llamamientos patrióticos e ideológicos sino también a mejores condiciones, buena paga, posibilidades de promoción, ascenso social, beneficios de retiro e incluso aventura o altruismo, aunque en muchas ocasiones estas promesas no se cumplieron. Tras el reclutamiento comienza un proceso de familiarización de los reclutas con las costumbres militares y al mismo tiempo una preparación técnica. Por un lado, se pueden analizar los objetivos de los instructores militares y el papel de estos sobre los reclutas. Además de los métodos de instrucción basados en códigos de disciplina y autoridad, también de los manuales militares o reglamentos que tenían que seguir los soldados, “la instrucción militar, no está limitada al entrenamiento básico o el aprendizaje en las academias, sino que es un proceso, algunas veces consciente pero generalmente no programado, inherente a la vida diaria de las barracas o bien a la vida de abordo.”[8]

Asimismo, la moral militar se ha convertido en un tema de estudio de gran atención, se ha demostrado que son pocos los combatientes que son motivados por impulsos ideológicos o patrióticos a la hora del combate, la mayoría lucha por sus compañeros de armas y obviamente por su propia supervivencia, también, la segregación racial, la ética del soldado en batalla, crímenes y masacres, etc. Pero un tema en particular es el combate visto “desde abajo”, las conductas de los soldados, sus temores y su valentía, su inseguridad y sus actos heroicos e inclusive sus crímenes. La Nueva Historia Militar, la corriente historiográfica en la que está basada este artículo, propone un novedoso y llamativo campo de estudio donde las relaciones internacionales, la historia política y económica, la historia social, el análisis de la tecnología, entre otros, se unen para hacer un análisis más científico que elimine el riesgo de una historia romántica y popular. Se analizan las causas, conducta y consecuencia de los conflictos, desde la política y la estrategia, hasta la evolución de los diversos grupos e individuos que forman parte de los ejércitos sin olvidar el escenario geográfico y los factores tecnológicos del arte de la guerra.[9]

Esta Nueva Historia Militar, rompe con el paradigma de la historia tradicional de la Campaña Libertadora, con su monumental cantidad de escritos, historias, anécdotas e incluso mitos. Es por esta razón que los estudios sobre este periodo se quedaron en meras alegorías patrióticas, una historia magnificada, rodeada de figuras idealizadas y próceres elevados a niveles de héroes, figuras casi míticas y todo se articula en un relato apologético donde: “Hubo naturalmente que exagerar los trazos del gran relato patriótico para que tuviera a la vez el máximo de fuerzas y el máximo de simplismo.”[10]

[1] OCAMPO LÓPEZ, Javier, Revolución y guerra de independencia, (Colombia, Gobernación de Boyacá), p.36

[2] Ibíd.Pag.36

[3] IBÁÑEZ, José Roberto La campaña de Boyacá, (Bogotá, Editorial Panamericana, 1998), p. 30

[4] THIBAUD, Clément, Repúblicas en Armas Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y Venezuela, (Bogotá, Editorial Planeta, 2003,) p. 7

[5] PITA PICO, Roger, El Reclutamiento de Negros esclavos durante la Guerra de Independencia de Colombia 1810 – 1825, (Bogotá, Academia Colombiana de Historia, 2012), p. 11

[6] Ibíd.p. 11

[7] RAMOS, Jairo Gutiérrez, Los indígenas en la Independencia (Bogotá, Revista Credencial, 2011) http://www.revistacredencial.com/credencial/historia/temas/los-indigenas-en-la-independencia (septiembre 2016)

[8] BORREGUERO BELTRÁN, Cristina, Nuevas perspectivas para la historia militar: la “New Military History” en Estados Unidos, (Madrid, Hispania, Revista española de Historia, enero – abril 1994, núm.186) p. 173

[9] Ibíd. p. 166

[10] THIBAUD, Clément Op. Cit., p.9

 

ARMAS DE LA INDEPENDENCIA

Brown-Bess-Musket - copia

En el siglo XIX las armas de fuego dominaban ya, los campos de batalla alrededor del mundo, si bien aún “primitivas” para los estándares actuales, para la época fueron revolucionarias, en especial el mecanismo de ignición de la pólvora negra, donde el soldado no tenía que preocuparse por mantener una mecha encendida para poder disparar, los mosquetes, en el siglo XIX aunque usaban todavía pólvora negra y disparaban balas redondas su mecanismo de ignición llamado Flintlock o de pedernal fue un avance significativo en la manera de disparar armas de fuego. Funcionaba golpeando una piedra de pedernal o sílex, en una cazoleta que producía una chispa que hacia disparar la pólvora contenida en el cañón. Podemos comparar la complejidad de este mecanismo con el de un reloj de péndulo, y para la época, tal vez eran los mecanismos tecnológicamente más avanzados que cualquiera pudiera tener. Las armas en esa época tenían cañones con anima lisa, esto significa que el interior del cañón era liso y no tenía ninguna estría en su interior como la mayoría de las armas modernas.

Flintlock_ignition_movie

Pero sin industria militar propia y sin los conocimientos para crear armas de fuego efectivas, ¿dónde obtuvieron las armas los soldados del ejército patriota?

Mantener un ejército rebelde en un una guerra irregular es un proceso muy difícil, dificultades de avituallamiento, de consecución de provisiones, como comida, caballos y repuestos para las armas de fuego. Tal y como describe Karl Von Clausewitz en el capítulo XXVI el Pueblo en Armas, de su famoso Libro Vom Kriege o De la Guerra afirma que para que una guerra del pueblo, como él la llama, pueda llegar a ser eficaz necesita las siguientes condiciones:

  1. Que la guerra se realice en el interior del país
  2. Que no la decida una catástrofe aislada
  3. Que el teatro de la guerra abarque una extensión considerable del país
  4. Que el carácter nacional favorezca las medidas a tomar
  5. Que el terreno del país sea muy accidentado e inaccesible, ya sea a causa de las montañas o de los bosques y los pantanos, ya por el tipo de cultivo que se utilice.

“Que la población sea o no numerosa tiene poca importancia, ya que hay menos probabilidad de que exista escasez de hombres que de cualquier otra cosa. Que los habitantes sean ricos o pobres tampoco es un punto relevante o por lo menos no debería serlo. Pero cabe admitir que, por lo general, una población pobre, acostumbrada al trabajo duro y pesado y a las privaciones, se muestra más vigorosa y se adapta mejor a la guerra”.

“Una peculiaridad del país, que favorece en gran medida la acción de la guerra del pueblo, es la distribución diseminada de los núcleos habitados… de este modo, el país está más dividido y más protegido; los caminos se vuelven peores, aunque más numerosos, el alojamiento de las tropas se acompaña de dificultades infinitas… el espíritu de resistencia existe en todas partes, pero no es perceptible en ninguna.” [1]

Como vemos los principios de Clausewitz, para la guerra popular, se cumplieron casi al pie de la letra durante la campaña libertadora de Bolívar: la mayoría de batallas se efectuaron en el interior de la Nueva Granada, la guerra se definió no por una batalla sino por la sumatoria de batallas ganadas por el ejército patriota y las consecutivas derrotas españolas y la baja moral de las tropas, culminando en la batalla del Puente de Boyacá.

¿Pero como sabemos cuáles armas se usaron durante el periodo de la independencia? Si bien los registros históricos de la época  nos relatan poco sobre este tema, existen algunos datos como por ejemplo:

José María Barreiro comandante de la III División Realista en una carta al Virrey Sámano:

La tropa de infantería se halla armada de un buen fusil inglés o francés, con bayoneta y municionada a treinta y cuarenta cartuchos, teniendo en depósito de diez a doce cargas de fusiles y diez y seis cartuchos, pero se me ha asegurado que a retaguardia tienen mayor número de municiones. La caballería esta armada de carabina y lanza…”[2]

Es muy probable que el mosquete inglés al que se refería Barreiro sea el Brown Bess y el francés sea el mosquete de infantería francés, Flintlock Charleville, Modelo 1766, disparaba una bala de 19mm y era muy eficaz, aunque bastante impreciso, incluso a corta distancia, Charleville era una importante fábrica de armas desde el siglo XVII. Las carabinas en su mayoría los mismos mosquetes o rifles pero de cañón más corto o de menor calibre para hacer más fácil la recarga y el transporte para los hombres a caballo. Otra de las armas usadas ampliamente fue el fusil Baker utilizado entre 1800 y 1840 que fue uno de los primeros del ejército británico, estaba equipado con un sable – bayoneta desmontable que se fijaban a un lado el cañón.

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Tal vez el arma más famosa y también la más usada en ese siglo y aun casi un siglo después fue el mosquete British Land Pattern Musket o más conocido como Brown Bess. Es un arma de ánima lisa, con un cañón de 107 cm que pesaba unos 4.8 kg, de calibre 75mm que podía disparar una bala a unos 80 metros de alcance máximo efectivo y con una tasa de fuego de 3 o 4 disparos por minuto.

Los mosquetes Brown Bess eran construidos por la armería de la Torre de Londres y por algunas otras. El nombre Brown Bess dado a esta famosa arma de infantería fue mencionado por primera vez en documentos del siglo XVIII pero sus orígenes son difusos. Algunos creen que deriva del alemán buchse que significa rifle, otros se refieren al color café de la parte de madera del mosquete de nogal o el café del cañón en algún periodo. Pero no puede haber duda de algo, de que este mosquete de llave de chispa actualizado o modernizado en varios patrones o modelos fue la principal arma del infante ingles desde 1730 hasta 1830, durante todo el periodo cuando los casacas rojas ganaron su mundialmente famosa reputación y crearon las bases del imperio británico.

Si bien el Brown Bess fue modificado varias veces en el periodo entre 1802 y 1803 el modelo “New Land Pattern” fue introducido siendo este el más probable que se usara en la campaña libertadora liderada por Bolívar este era una combinación del modelo “Short Land” y del “East Indian”, tenía una culata de latón, un gatillo simple, una baqueta de acero y un cañón decorado, la boca el cañón terminaba en una tapa de metal. El cañón era de 42 pulgadas o 107cm con un acople para la bayoneta. Una versión más pequeña conocida como el Light Infantry Musket estaba reservada para los sargentos de los regimientos de infantería ligera y a los regimientos de línea.

Los fusiles eran incomodos y de carga larga y lenta, para compensar este inconveniente, una fila disparaba mientras que la otra recargaba el arma o bien las dos filas disparaban juntas y luego cargaban a bayoneta, en el siglo XVIII el soldado podía disparar tres veces por minuto, un buen tirador podía alcanzar al enemigo a 80m pero más allá no era seguro que pudiera hacer blanco, a 180 m el proyectil perdía fuerza, a pesar de la falta de precisión a una distancia superior a los 80m el fuego nutrido podía ser eficaz si el enemigo era numeroso, los infantes eran sometidos a un estricto entrenamiento para realizar la carga, a fin de mantener la cadencia de tiro en combate, los pasos eran en primer lugar: romper el papel del cartucho con los dientes, verter la pólvora den el cañón y cebar la cazoleta, colocar la bala y el taco de papel en el cañón, armar y entonces el soldado estaba preparado para abrir fuego a la señal de mando.

brown bess

La munición de la época hacía del proceso de recarga aún más tedioso y lento de lo que ya era, debido en parte a que cada paso se debía hacer en estricto orden, casi ceremonioso, también la munición no era autocontenida, no era una sola pieza por así decirlo, cada pieza estaba separada, bola, pólvora y papel. Tendríamos que remontarnos a Gustavo Adolfo II (1594 – 1632) que reino en Suecia durante 21 años, cuyo ejército sirvió de modelo a todos los demás europeos sus cualidades como militar fueron admiradas por Napoleón, quien lo comparo con Alejandro Magno. Tal vez el único estratega de la Guerra de los 30 años, los suecos lo consideraban el prototipo del rey – héroe. Quien radicalmente cambio el arte de la guerra en todos sus aspectos, su interés por el empleo de las nuevas técnicas lo llevo a rediseñar las armas de fuego para aligerar el peso de los mosquetes y las pistolas. Los primeros podían manejarse ya sin trípode y el lento y complejo proceso de carga fue simplificado mediante la adopción de los cartuchos de papel, que contenía la pólvora y la bala y que el soldado debía romper con los dientes.[3]

Las balas de plomo, redondas durante siglos, las únicas disponibles. Fáciles de fundir por el propio usuario, su principal inconveniente es su pésimo rendimiento aerodinámico. Actualmente están prácticamente en desuso, aunque son imprescindibles en todas las armas de avancarga.  A menudo se engrasan. En la actualidad, y fuera del ámbito del tiro con armas históricas, sólo se usan en escopetas de cañón liso.

Su principal defecto es que el plomo es demasiado blando, por lo que en su recorrido por el cañón del arma deja residuos que deben limpiarse regularmente. Además, el polvo de plomo que se produce es tóxico a largo plazo.

Por la misma razón, en algunas armas automáticas, puede deformarse al golpear con la rampa de alimentación perdiendo precisión o incluso encasquillando el arma. Las formas muy aerodinámicas no pueden realizarse en la práctica, porque las puntas se abollan o rompen con demasiada facilidad.

llave de chispa

Estos problemas suelen reducirse empleando el plomo en aleación con otros metales, como el antimonio, para aumentar su dureza. Por último, entre sus desventajas, añadir que con el advenimiento de la pólvora sin humo se descubrió que los proyectiles de alta velocidad que además giran muy rápido pueden llegar a “desintegrarse” debido a que el plomo no es capaz de soportar la enorme fuerza centrífuga a que es sometido. Entre sus ventajas, valga mencionar que cualquiera podía producir sus propias balas en el campo, gracias a los baleros.


[1] Carl Von Clausewitz, De la Guerra, (Barcelona: Idea Books), 266-267

[2] RIAÑO, Camilo,  La Campaña Libertadora de 1819, Bogotá, 1969, pág. 230

[3] Mcdonald, John, Enciclopedia Visual de las Grandes Batallas, Barcelona, Editorial Rombo, 1994, tomo 1, pág. 29

Bailey, De Witt, British Military Flintlock Rifles 1740-1840,  Reino Unido Andrew Mowbray Pub, 2002

Fosten, Bryan, Wellington ’s Infantry, Gran Bretaña, Osprey Publishing, 1981

Jorgensen, Christer, Grandes Batallas conflictos decisivos que ha conformado la historia. Reino Unido: Parragon Books, 2010

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Esta entrada fue publicada el abril 20, 2013 por en Ciencia de la Guerra, Hoy en la Historia.
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